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Wimauma - (español)

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Maestra dedica su vida a inspirar niños y adultos en Wimauma


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Dos décadas atrás, cuando cursaba quinto grado de primaria, Ansberto Vallejo no veía más futuro que terminar su educación secundaria. Era su meta de largo alcance. Ir a la universidad no pasaba por su mente. En su familia nadie se había graduado de la universidad y no conocía a nadie cercano que lo hubiera hecho.Sus sueños eran cortitos. Sus días se llenaban trabajando en el campo pizcando vegetales y frutas de temporada, asistiendo a la escuela y haciendo tareas.

Pero a los 11 años en un salón de clases de la escuela primaria Wimauma Elementary su suerte cambió y también cambiaron sus metas y su visión de la vida. Desde el primer día de clases, cada mañana, la voz de su maestra se fijaba en sus oídos con un mensaje que perduró no solo en las aulas sino que ahora es parte de su vida diaria: “Tienes que ser la mejor versión de ti mismo. Tienes que dar tu 100 por ciento, no importa que seas un obrero, un profesor, un abogado o el presidente de la república. Siempre tienes que ser lo mejor que puedas ser”.

La voz inspiradora que llevó a Vallejo no solo a terminar su secundaria, sino a graduarse de la universidad, más tarde de una maestría y que ahora lo mantiene esforzándose por lograr un doctorado, era la voz de Margaret Claritt, la maestra de sexto grado que logró grabar en el cerebro de Vallejo que podía fijarse metas ambiciosas y lograrlas.

“La maestra Claritt fue una de las maestras que impactó mi vida de manera positiva. Fue una de esas maestras que te cambian la manera de ver la vida, que te inspiran con su propio ejemplo”, comenta Vallejo.

Entregada por completo a la educación, Claritt enseñó por 18 años en la primaria Wimauma Elementary, y otros tantos años en las primarias Cypress Creek, Summerfield y Corr que le suman en total 38 años al servicio de la enseñanza en Wimauma y sus alrededores. En el 2009 se jubiló como maestra en las aulas, pero no como modelo a seguir en la comunidad.

A la fecha, la maestra Claritt continúa sus esfuerzos por hacer de Wimauma un mejor lugar con su trabajo voluntario en la organización de desarrollo comunitario Wimauma Development Community Cooperation.

“Desde 1968 cuando inició la organización con algunos ciudadanos, trabajamos por lograr avances y cambios en la comunidad desde vivienda hasta educación y otras necesidades que necesitan ser atendidas”, comenta Claritt.

Por ahora, la organización de vecinos sin fines de lucro trabaja en conjunto con organizaciones como Allegany Franciscan Ministries, el Departamento de Relaciones Comunitarias del Condado de Hillsborough y  Children’s Board del mismo condado. Por ahora, están concentrados en tres iniciativas: educación, oportunidades económicas y opciones de actividades para niños después de la escuela.

“En términos de opciones para los niños de escuela media, no hay nada que se esté ofreciendo en Wimauma. Se requieren programas de verano, y otros programas de enriquecimiento cultural y personal”, comenta Claritt.

Además de su trabajo voluntario con Wimauma Development Community Cooperation, la maestra Claritt ha sido tutora de varios estudiantes de primaria y ahora enfoca sus esfuerzos en enseñar como tutora a estudiantes de secundaria a navegar los sistemas de becas y como acceder a la educación universitaria.

Claritt está enamorada de Wimauma, ahí creció, ahí estudió, ahí creció y educó a sus tres hijas y echó fuertes raíces comunitarias. Pero la historia no fue fácil y para salir adelante tuvo que echar mano de su carácter y determinación.

Como parte de una familia de emprendedores, Claritt aprendió desde muy pequeña la diferencia que la educación marca en el progreso de una persona. Para describirse a sí misma, Claritt recurre a su pasado y a su familia.

“Tengo que dar crédito a mis padres y abuelos porque ellos son la razón de quien soy ahora. Mi bisabuela Martha Wilson fue una mujer próspera. Era una empresaria pero sin educación formal; llegó a tener tierras y propiedad raíz y fue ella justamente la que me infundió la importancia de la educación”. Su abuela Rosa Henderson también era propietaria de un negocio de abarrotes.

Claritt puso atención a las enseñanzas de su abuela y a los mensajes llenos de esperanza. Y justamente los recordaba cuando ayudaba a su padre en los trabajos del campo. Ciertamente, Claritt supo la diferencia entre el trabajo sacrificado de los campos de cultivo y la importancia de la educación en su vida.

Porque su padre era propietario del campo en el que trabajan, nunca tuvieron que perder escuela por ser hijos de trabajadores del campo. Pero Claritt probó los sinsabores del trabajo rudo bajo el sol cultivando fresas, pepinos, chile y naranja. Así cuando su bisabuela estaba en su lecho de muerte, Claritt le prometió que no descansaría hasta conseguir una carrera universitaria. Y ese fue su motor por años, hasta conseguirlo.

Rodear, enfrentar y superar obstáculos

Claritt se graduó de la secundaria East Bay High y luego se casó y se fue mudó a Detroit. Más tarde regresó a Wimauma divorciada a sus 21 años. Consiguió un trabajo como tutora en la primaria Wimauma y de ahí se le abrieron las puertas con una beca para ir a la universidad de donde se graduó como maestra de kinder a octavo grado. Pero no fue sencillo. Claritt tenía sus hijos a su cargo, su trabajo y además la responsabilidad como estudiante Ir a la escuela era una odisea. Sin opciones de transporte público en Wimauma, Claritt se las arreglaba para ir desde su comunidad hasta Hillsborough Community College en el campus de Dale Mabry. Pedía “aventones” a una profesora de primaria que vivía en Tampa y el regreso a casa era una doble odisea si su madre no podía ir a recogerla. Pero al final sus esfuerzos dieron resultados.

Para la maestra Claritt la palabra “límite” no existe. Su filosofía dicta que cuando hay determinación de hacer algo, las barreras y los obstáculos se rodean o se saltan. Su filosofía la llevó a graduarse como maestra de la Universidad del Sur de Florida y a ser parte integral de la educación elemental para generaciones de estudiantes la escuela Wimauma.

“Para ella tal vez fue más difícil que para otros maestros porque vivía y enseñaba en la misma comunidad,” s dice su hija Colette Glover-Hanna, la primera de tres hijas. Su otras hijas, Darina y Alicia, también crecieron en Wimauma. “Eso significó muchas veces que en su camino a casa hacía paradas en las casas de sus alumnos para discutir con los padres problemas de comportamiento o simplemente sobre el avance académico de los estudiantes”.

Además, la maestra Claritt estaba muy conectada con la comunidad. Porque era una comunidad pequeña, conocía prácticamente a todos los vecinos y no tenía absolutamente ningún problema haciendo visitas domiciliarias para discutir los avances o problemas de los estudiantes.

“Eso es una cosa maravillosa que ocurre cuando vives en la misma comunidad en la que enseñas. Mi madre continuamente tenía tutorías con niños de la comunidad. En cuanto me gradué inició un programa de tutorías en la iglesia, programa que luego continuaría en la casa. Y no había excusa para que los niños faltaran. Si alguien no llegaba, ella se subía en el carro e iba a buscarlos. Ese es solo un ejemplo de su compromiso con la educación”, enfatizó Glover-Hannah.

Ver posibilidades donde otros no las encuentran

Para Adrián Sarmiento, guía de éxito para estudiantes en la escuela media Shields, la influencia de la maestra Claritt fue determinante para su educación y para su trayectoria en la vida, porque de no haber contado con modelos como ella, su vida podría haber sido totalmente diferente.

“Yo era un muchacho corajudo y peleonero, tremendo. Muy pocas personas me querían cuidar de niño a excepción de mi vecina Magaly. Era demandante y quería salirme siempre con la mía. Era problemático. Pero personas como la profesora Claritt no dejaron que mi camino se torciera y me mantuvieron caminando derechito”, comenta Sarmiento.

Enfático y con una sonrisa, Sarmiento de 37 años dijo que en esa época, solo se comportaba bien cuando su padre estaba cerca y da gracias a que maestras como las profesoras Claritt and Morgan quienes vieron potencial en él para ser alguien en la vida.

“Ella vio mi actitud; primero me dejó saber que no la iba a intimidar y segundo, trabajó conmigo para guiarme y sacar provecho de mi fuerte personalidad”. La maestra sabía donde vivía Sarmiento, conocía a sus padres y prácticamente los convirtió en aliados para la educación de su hijo. El esfuerzo era conjunto, en casa reforzaban lo que se aprendía en la escuela. El director también era un aliado educativo.

“Tenía todo un equipo de soporte educativo desde la maestra y el director hasta mis padres y mis hermanos. No había escapatoria”, comenta sonriente Sarmiento. Como estudiante, Sarmiento siempre observó a la maestra Claritt. Y siempre valoró el hecho de que los disciplinara porque esa era la manera de ayudarlos en su formación. Aun cuando no fuera en el salón de clases, siempre atrapaba la atención de los alumnos. ¡Era cuestión de respeto! Y en el salón de clases, uno de los aspectos más valiosos de la maestra Claritt era su capacidad de manejar el grupo, de mantenerlo bajo control.

Las expectativas de su profesora no estaban erradas. Sarmiento, Se graduó de la escuela primaria Wimauma, luego de la escuela media Eisenhower y la secundaria East Bay High School. Desde pequeño Sarmiento se inclinó por el boxeo y en sus años de secundaria y después de haber ganado torneos estatales, regionales y nacionales fue reclutado en su último año de preparatoria por la Universidad Northern Michigan, uno de los cuatro centros de entrenamiento olímpico en donde terminó su educación secundaria. Con profundas raíces en Wimauma, Sarmiento decidió asistir a su graduación en East Bay y caminó con el resto de sus compañeros de clase para recibir su certificado. 

Todo esto fue posible porque la maestra Claritt no era una profesionista de 7:30 de la mañana a 3 de la tarde. Básicamente su trabajo no terminaba cuando sonaba la campana. Siempre mostraba interés por el bienestar y el futuro de sus estudiantes. 

La enseñanza y el aprendizaje nunca termina

Una de las mayores satisfacciones de Claritt es ver a sus estudiantes progresar. Además de sus responsabilidades como maestra en el aula, con regularidad Claritt hacía trabajo voluntario como tutora de adultos. Una de las experiencias que más le conmovió en el trabajo de tutora fue que un adulto de 87 años, quien firmaba su nombre con una X, aprendiera a escribir.

"Ese verano, lo llevamos a la tienda a cambiar su cheque y a comprar comida y por primera vez escribió su nombre”, comenta Claritt orgullosa. Y es que esas experiencias son las que le llenan el alma. “Ser tutora voluntaria de adultos, de niños, ayudarlos con las declaraciones de impuestos y de alguna manera ayudar a mejorar la vida de alguien de alguna manera es algo que me llena”, comenta Claritt.

Esa tenacidad y compromiso son las cualidades que Vallejo atesora y recuerda de la maestra Claritt, mismas de las que está eternamente agradecido por las acciones de la Claritt. Aún hoy día, después de haberse graduado de trabajo social de la Universidad del Sur de Florida, de hacer su maestría en consejería estudiantil en la Universidad de Florida y de perseguir un doctorado sobre educación y fuerza de trabajo, se le humedecen los ojos al recordar y compartir sobre el papel que la maestra Claritt tuvo en su vida.

“Cuando era niño nunca me hubiera imaginado ser supervisor, hasta que Miss Claritt me cambió mi forma de pensar y prácticamente me hizo ver los obstáculos como una oportunidad para saltarlos y ser mejor”, apuntó Vallejo, quien ahora es supervisor del departamento de consejería para el Condado de Hillsborough y tiene a su cargo a 35 consejeros que ayudan a los alumnos a ingresar a la universidad, a conseguir becas y ayuda financiera.

Casado y con tres hijas, Vallejo a sus 40 años, reflexiona sobre la huella que Ms. Claritt y su ejemplo tuvieron en su vida estudiantil y comenta que tal vez olvidó lo que aprendió sobre Lectura y Ciencias Sociales, pero lo que no olvida es la personalidad de la profesora que llevaba a sus alumnos a creer en sí mismos a trazarse metas y a trabajar por alcanzarlas.

“La maestra Margaret Claritt era estricta, tenía expectativas muy grandes para sus alumnos. Se tomaba el tiempo de hablar con los alumnos y hasta de visitar a los padres en sus propios domicilios. La educación de sus alumnos era algo serio. Miss Claritt es una profesora comprometida”, enfatiza Vallejo.

En su infancia, Vallejo enfrentaba vicisitudes y retos diarios, tenía que trabajar largas horas en el campo en jornadas que empezaban desde las 5 de la mañana, luego asistir a la escuela y hacer las tareas por la noche. Pero esa realidad no era ajena para Miss Claritt. “Yo también trabajé en el campo, yo también pizqué fresa, tomate y naranja, y me gradué de la universidad, y si yo lo hice también tu lo puedes hacer”, subraya Vallejo parafraseando a la profesora que desde su infancia le ayudó a estirar sus ambiciones y lo guío para ser la mejor versión de sí mismo.

“Miss Claritt me inculcó que no hay que hacer las cosas a medias, que hay que hacer las cosas con calidad. Que si vamos a hacer algo hay que hacerlo bien.” Y aunque la maestra Claritt ha jugado un papel muy importante en el desarrollo y triunfo de un sinnúmero de personas que han pasado por su aula en Wimauma y sus alrededores, continua caminando con un halo de humildad y de servicio.

“Estoy tratando de devolverle algo a mi comunidad porque estoy muy agradecida de haber recibido mi propia beca para ir a la universidad por cinco años”, dice Claritt, quien aún después de retirarse cómo maestra continúa sirviendo a la comunidad de Wimauma. Después de sus jornadas educativas en la escuela elemental de Wimauma, Claritt trabajaba como voluntaria en organizaciones de desarrollo comunitario.

El trabajo de Claritt es causa de admiración de muchos incluyendo a su propia hija Colette Glover-Hannah, quien se admira de que su madre continúe laborando por el mejoramiento de Wimauma aún después de su retiro y con la oportunidad de mudarse a algún lugar del condado de Hillsborough con más acceso a servicios.

“Trabaja incansablemente y aun continua tocando puertas para traer a la gente a las reuniones ... Un día después de estar hospitalizada, cuando la recogí y la llevaba a su casa, me pidió que parara en una de las casas para entregar volantes avisando de una reunión. Ese es su nivel de dedicación a su comunidad”, anota Glover-Hannah.

Emergen triunfantes de Wimauma

Una de las alegrías más grandes de la maestra Claritt es ver que muchos de los alumnos de Wimauma han sobrepasado los retos, aun aquellos que han sido trabajadores del campo, con recursos muy limitados, e incluso cuando pensaban que nunca se graduarían, hay gente exitosa saliendo de Wimauma. Valga el ejemplo del comisionado del condado de Hillsborough Stacy White, de Ansberto Vallejo inspector de educación del condado de Hillsborough; de Adrián Sarmiento, guía de éxito estudiantil en la escuela media Shields; David Jordan quien con una maestría en educación para adultos ahora es maestro de la escuela primaria Thompson Elementary en Ruskin; Dr. Kattron Rhodes, quien ganó una beca completa para estudiar en la universidad Duke University y ahora hace investigaciones médicas; Angela Brown, asistente de director en la escuela Liberty Middle. Darina Glover Russell también es maestra quien ha enseñado por 24 años. Alicia Claritt, la más pequeña de sus hijas, es contadora pública y muchos otros alumnos que han saltado obstáculos y son exitosos.

Sarmiento se graduó en el 2009 -- el mismo año de la jubilación de Claritt -- de la Universidad del Sur de Florida con una licenciatura en historia. Y ahora, es un coach de éxito estudiantil en la escuela primaria Shields, sigue y orienta a 100 estudiantes considerados en riesgo de abandonar la escuela y trabaja incansablemente para asegurarse de que los estudiantes se mantengan encarrilados hacia la culminación de sus estudios.

Así sus alumnos brillantes caminan siguiendo sus huellas. Sarmiento continúa siendo un peleador, pero ahora, como la maestra Claritt, lucha por que la excelencia educativa de sus alumnos, por que los números de deserción escolar disminuyan y porque más estudiantes de Wimauma se gradúen de la universidad. En el aula, Sarmiento trata de aplicar las lecciones de la maestra Claritt. “Ahora como maestro entiendo la bella habilidad del manejo de una clase, de un salón.

“Ahora como maestro tengo más respeto por quienes fueron mis maestros, por sus excelentes manejos de grupo, por la atención individualizada y por siempre buscar como sacar lo mejor de los estudiantes. Todos los estudiantes tienen malos hábitos, y el maestro tiene que ayudarlos a salir de esos hábitos y reemplazarlos con buenos. Un profesor tiene que tener la habilidad para hacerlo y para hacerles saber que cuando hay reprimendas no son resultado de frustración o ira, sino que es el resultado del amor por los estudiantes y su deseo por sacarlos adelante. Esa es la enseñanza verdadera. Esa es la enseñanza que durante su vida como educadora practicó la maestra Claritt”, acotó Sarmiento.

Y más allá de las aulas, Sarmiento busca hacer una diferencia en la comunidad. Aun en las calles de Wimauma busca enseñar valores a sus vecinos, tal como la maestra Claritt lo ha hecho a través de sus años como maestra y como vecina de Wimauma. La propia maestra Claritt tuvo que pasar por tragos amargos durante su educación siempre víctima de la segregación de ese tiempo y cuando se graduó de East Lake, ella formó parte del primer grupo que salió integrado.

“Eso es lo que pasa en Wimauma. Aquí hay gente con determinación sin importar las circunstancias económicas o las condiciones de trabajo, nuestros jóvenes están decididos a salir adelante, a ser ciudadanos productivos”, enfatiza Claritt quien después de jubilarse en el 2009, regresó a la primaria Wimauma como maestra substituta. Y mientras continúa trabajando en la educación de Wimauma para verlos triunfar en la vida, a la maestra Claritt le gustaría ver que Wimauma se convierta en un lugar donde todos sientan que pueden disfrutar la vida con recursos educacionales e instalaciones de recreo tanto para niños como para adultos.

“En Wimauma hay mucho que hacer”, puntualizó. Y por eso, Claritt planifica permanecer en ese pueblo y trabajar por la continua mejoría de sus habitantes hasta su último día.

Hija de tigre, pintita

Colette Glover-Hannah creció en Wimauma bajo la influencia de su madre, la profesora Margaret Claritt y bajo la mirada inquisidora de sus amigos cercanos que esperan que por ser hija de una profesora estás obligada a ser exitosa.?Pero desde su perspectiva ser hija de una maestra podía ser comparable con ser hija de un ministro o de un médico, siempre ocupada con textos que evaluar y exámenes que revisar y llamadas telefónicas que hacer.

“No tuvimos más remedio que compartir a nuestra madre con los 30 estudiantes de su grupo”, comenta Glover-Hannah, “eran prácticamente como nuestros otros hermanos”.

Como hija de una maestra, Glover-Hannah junto con sus hermanas Darina y Alicia aprendieron el valor de la dedicación y los alcances que comprometerse con una causa pueden reportar. “También aprendimos de mi madre la importancia de tener buena letra y de tener un libro que leer”, comenta Glover-Hannah.

Desde que su madre Margaret Claritt fue a la universidad y en ocasiones tenía que llevarse a sus hijos y ponerlos a colorear en un rincón del salón, y no había excusa que le hiciera desistir de ir a la universidad, Glover-Hannah aprendió que no podía darse el lujo de desperdiciar oportunidades de ir a la universidad. Se graduó de la carrera de periodismo y relaciones públicas de la Universidad Florida A&M; más tarde se convirtió en la directora de relaciones de medios de USF, puesto que ocupó por 10 años. Durante los últimos 5 años, llegó a ocupar la Vicepresidencia del departamento de relaciones con la comunidad.

Con una maestría en educación para adultos de la Universidad del Sur de Florida, Colette Glover-Hannah dejó la universidad para empezar una nueva carrera. Fue durante ese tiempo cuando surgió el gene emprendedor de la familia como respuesta a una necesidad.

“Hace cinco años me di cuenta que había un mercado inexplorado de zapatos para adolescentes”, comentó. Y así nació Hannah’s Shoebox con tallas del 5 al 13 para las adolescentes. “La necesidad marcada era la de zapatos para adolescentes que calzaban tallas de mujeres adultas”.

La compañía ha crecido de manera constante y ahora además de clientes en Estados Unidos también atienden clientela en Canadá.

“La respuesta ha sido muy positiva porque proveemos una solución a un problema. Porque solo porque tu hija calza tallas de mujer, no quiere decir que tiene que tener la apariencia de un adulto”, enfatiza.

Glover tenía sus propios problemas con su hija. Ella fue su inspiración. “Cuando mi hija tenía seis años, ya calzaba tallas de mujer adulta. Su pie continuó creciendo hasta que cumplió 11 años y para entonces no podía encontrar un zapato apropiado a su edad. Hannah’s shoes es la única tienda en el país que ofrece zapatos de adolescente para adolescentes”.

Su mercado se ha expandido hasta California y a nivel local se ha robustecido con asociaciones y relaciones con organizaciones sin fines de lucro como Joshua House, un programa para niños sin hogar que entre otras cosas provee calzado para los niños. La compañía también está registrada con proveedor aprobado con el condado de Hillsborough y es proveedor exclusivo en algunas escuelas públicas privadas del condado.

Algunos de los zapatos se producen localmente en Estados Unidos, otros en Sur América y otros en Asia. La experiencia emprendedora de Glover-Hannah no extraña para ella, con el ejemplo emprendedor de su abuela y bisabuela y la educación forjada por su madre, Glover-Hannah estaba lista para dar el gran paso y convertirse en empresaria y asumir sus propias creencias,

“Soñar en grande y nunca claudicar en la persecución de objetivos y todos los días, poco a poco, trabajar para lograr el objetivo trazado. Nunca darse por vencido, Nunca claudicar”, puntualizó la hija de la profesora Claritt. 
 

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Imelda Dutton is a Project Editor and writer for 83 Degrees Media in the Tampa Bay region of Florida.
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